Allí donde todo sucede Uno, dos, tres .Volvemos a contar. Cuatro, cinco, seis. Las agujas del reloj continúan desfilando delante de tus ojos. Es el tiempo que pasa, qué cabalga en los segundos que no has contado. Pero, ¿por qué nos detenemos a pensar en el tiempo? Es que no hay suficientes razones para no hacerlo. Tal vez en las primeras veces en que no se contó algo extraño sucedió. Sigue sonando el reloj a la primera campanada pero se detiene ante la segunda. Burbuja en el espacio donde todas las realidades se unen? No creo que ese sea el caso. Allí estaba en el Pueblo de San Ángel. Silencio en la calle. Los tiempos pandémicos hicieron que todo sea infinitamente más lento y más silencioso. Dios Puma. Dios Puma. Ampáranos. Esta quietud no parece ser normal. Una vez lo acepté apenas llegué. Pero han pasado más de dos vidas desde entonces. O quizás tres ya perdí la cuenta para ser sincera. Yo no pertenezco aquí. Este silencio me va consumiendo hasta matarme. Cinco años viviendo lo mismo...